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Mi opinión sobre Project Hail Mary (Proyecto fin del mundo)

Foto del escritor: Sheilla J. Melchor
Sheilla J. Melchor
3 abr
3 min de lectura

Basada en la novela de Andy Weir y dirigida por Phil Lord y Christopher Miller, Proyecto fin del mundo nos coloca frente a una historia donde la supervivencia no solo depende del conocimiento, sino también de la capacidad de resistir la soledad. El protagonista, Ryland Grace —interpretado por Ryan Gosling— se aleja del héroe convencional y encuentra su fuerza precisamente en su fragilidad. A su lado, destacan figuras como Eva Stratt (Sandra Hüller) y, por supuesto, Rocky, un personaje que termina siendo mucho más que un acompañante inesperado.


 

Hay algo que esta película entiende muy bien: el espacio no es solo un escenario, es una experiencia emocional. Y cuando esa idea se ejecuta con cuidado, el resultado conecta.


La actuación de Ryan Gosling sostiene el relato con bastante solidez. Su Ryland Grace encaja en ese perfil del genio incomprendido que ya conocemos, pero logra sentirse cercano. No es tanto lo que sabe, sino cómo enfrenta lo que no puede controlar, lo que lo vuelve interesante. Su evolución —de la confusión al compromiso— se siente orgánica.


Uno de los momentos más potentes llega cuando despierta en la nave y descubre que sus compañeros no sobrevivieron. Desde ahí, la película deja claro que no se trata de un viaje heroico en el sentido clásico, sino de resistencia, de adaptarse cuando todo ya salió mal.


Y luego está Rocky. Su aparición no solo rompe la monotonía del aislamiento, sino que eleva la historia. Lo que empieza como una interacción extraña se transforma en una relación entrañable, con momentos que equilibran muy bien el humor y la emoción. Sí, hay ligereza, pero también profundidad. 


También hay momentos donde la música toma protagonismo y prácticamente narra por sí sola lo que ocurre en pantalla. No solo acompaña: en ciertos pasajes se roba la atención y potencia la emoción de manera muy precisa. Un ejemplo claro es la escena en la que Eva Stratt canta una canción de Harry Styles, un detalle que suma sensibilidad y construye mejor su personaje.


El final abierto funciona. Sí, puede recordar a Interstellar, pero no se siente como una repetición, sino como una elección narrativa coherente con el viaje que propone la película.


Aun con todo lo que logra, hay aspectos que pudieron afinarse más.

El ritmo, por momentos, se diluye. Algunos flashbacks se extienden más de lo necesario y rompen la tensión que se venía construyendo. La historia no pierde sentido, pero sí algo de intensidad.


En el guion, hay decisiones que generan ciertas dudas. Que Ryland Grace —siendo profesor— termine en una misión de este nivel no termina de convencer del todo, incluso considerando la muerte del resto del equipo. El rol de Eva Stratt deja preguntas abiertas que no se desarrollan lo suficiente en pantalla. Considerando que estos comentarios se limitan solo a la versión cinematográfica.


Además, el hecho de que Grace sea sedado para participar en la misión introduce un dilema ético bastante fuerte que la película apenas roza, cuando podría haber sido un punto aún más interesante para explorar.


Sobre Rocky, aunque es un personaje muy bien logrado, su dinámica con Grace se alarga un poco más de lo necesario en algunos tramos. Una edición más ajustada habría hecho que su presencia se sintiera aún más potente.


Proyecto fin del mundo es una película que apuesta por lo emocional dentro de una historia de ciencia ficción. Tiene momentos muy logrados, personajes que conectan y una narrativa que se sostiene.


La interpretación de Ryan Gosling destaca lo suficiente como para pensar en reconocimiento, y el apartado técnico acompaña bien la ambición del proyecto.


Al final, es una película que vale la pena ver. Sobre todo si te interesan las historias donde el espacio no solo se observa… sino que también se siente.

 

 
 
 

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